domingo, 20 de mayo de 2012

Colecciones


Pensar qué estarás haciendo ahora y por qué no estás ausente,
Si entre chillidos en silencio, mi alma, no estás.
No buscar en los pasillos cerrados de la inconsciencia,
En los vidrios rotos de cara al suelo, en la luz que no enciende.

Pensar en qué hago yo ahora, ya prescindiendo de la fe
De los lejanos, de las poesías muertas
Que suenan en mi cabeza de cuando en vez y que yo,
Sin miedo de sentirme sola por no sentirme alguien, acallo nuevamente.

Dejar de lado el sentido común, de justicia, de locura,
De la fuerza que mueve, del dolor, de morir:
No tener miedo a morir y despreciar lo demás.
Pensar en qué estás haciendo ahora y carcomerme el seso.

Demasiados prejuicios y demasiadas promesas,
La típica basura existencial que siempre predico:
No dormir desahuciada por el llanto,
No despertar pensando que hoy será otro día.

Caminar las calles solas en busca de un rumbo, ya no un Norte.
Buscar un olor a lluvia que me ayude a cambiar de opinión.
Encontrar un pasatiempo nuevo que no incite a la guerra.
No morigerar las ansias de saltar al abismo.

Desear, quizás, ser otro parado bajo el farol
o aquella que no habla y que no piensa, que no pide auxilio.
La típica basura existencial que siempre predico,
demasiado extensa como para ser, sí, intelegible. 

En lo que se me quema la vida, 
en lo que se extingue la llama;
Hablar demasiado a expensas de la verdad...
Y pensar a solas qué debo hacer con mi vida, ahora que, alma, me faltas.

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